martes, 27 de noviembre de 2012

Los “Generales” que operan para Lavagna

Por Martín Rodríguez Yebra Casi se pisan para responder. “A Duhalde no lo vemos desde hace meses. ¡Meses!” Juan José Alvarez habla más fuerte. Pero los otros tres diputados del grupo El General reaccionan igual de indignados cuando se les pregunta si el ex presidente está detrás de la jugada política que convirtió a Roberto Lavagna en un posible candidato para 2007.
Alvarez, Jorge Sarghini, Eduardo Camaño y Francisco de Narváez quieren ser la pata peronista del proyecto Lavagna y el pasado duhaldista los persigue. Ya el presidente Néstor Kirchner encontró un hueco para achacarle a su ex ministro que quiere construir con “los viejos fantasmas”.
Ellos se irritan: “El duhaldismo está en la mochila del Presidente. Las figuras más representativas apoyan ahora al Gobierno, ¿por qué nos vienen a nosotros con eso?”, dice Camaño, que manejó durante cuatro años la Cámara de Diputados y a quien siempre se lo consideró muy ligado a Duhalde.
El rencor de Kirchner hacia estos cuatro diputados resulta evidente. Apenas se enteró de que Lavagna se había reunido con ellos para hablar de política, hace casi un mes, borró a su ex ministro de la lista de posibles figuras electorales del oficialismo.
Regalo divino
¿Por qué semejante tensión? Los del cuarteto de El General son los únicos dirigentes importantes de lo que fue el duhaldismo que rechazaron pasarse al kirchnerismo tras la catastrófica derrota que sufrieron en la provincia de Buenos Aires en octubre pasado, cuando Cristina Kirchner le sacó más de 25 puntos a Hilda Duhalde.
En diciembre, el Gobierno abrió las puertas del oficialismo a los peronistas derrotados. Narváez y Alvarez fueron a ver a Duhalde. “Le avisamos que pensábamos seguir en la política activa y que íbamos a seguir por otro camino diferente al del Gobierno”, cuenta Narváez, un empresario que se tentó con la política pero no abandona los negocios: el año pasado se convirtió en accionista de América TV.
Para ellos, la irrupción de Lavagna en el escenario electoral actuó como un regalo divino. Son los principales operadores del proyecto y coordinan sin disimulo la posibilidad de una coalición en la que la UCR aportaría la principal estructura partidaria.
“Ahora nos vienen a ver todos, pero había que estar acá en enero cuando nos sacamos la foto en el restaurante El General. Estábamos bien solos”, se jacta Alvarez. Es el mismo dirigente al que alguna vez Kirchner fue a buscar para manejar la crisis porteña por Cromagnon, cuando Aníbal Ibarra lo nombró secretario de Seguridad.
La candidatura de Lavagna acapara el diálogo con LA NACION. Sarghini, el más medido de los cuatro, intercala una aclaración. “Roberto sabe que tiene una visión valiosa para aportar a la sociedad. Pero primero tiene que madurar una decisión y eso todavía no está.” Los cuatro dicen “Roberto” cuando se refieren a Lavagna, pero Sarghini es quien realmente tiene una amistad con el ex ministro y trabajó con él en la función pública.

Sumar fuerzas

La cautela reaparece siempre que se habla de la candidatura como algo concreto. Pero no esconden que trabajan con obsesión en el plan Lavagna 2007. "Debemos respetarle los tiempos. No confundan nuestros pensamientos o acciones con los de él", dice Alvarez. Enseguida concede: "Nosotros tenemos que ayudar a que existan las condiciones que él espera para lanzar la candidatura".
 
¿Qué significa eso? Negociar el apoyo de otras fuerzas, como el socialismo, y hablar con otros sectores del PJ que no siguen a Kirchner, con empresarios y con sectores sociales. Ellos aportan know-how en el armado político, pero cero en estructura partidaria. Entonces, ¿dependerá todo de los radicales?, ¿no terminarán armando otra alianza como la del 99?
 
Camaño replica: "¡Pero si las figuras de la Alianza están en el Gobierno! Chacho Alvarez, Nilda Garré, Darío Alessandro...". Sarghini acota: "Eso de los viejos fantasmas es absurdo: qué político puede decir hoy que alguna vez no se referenció en Alfonsín, Menem o Duhalde, si fueron las figuras dominantes de los últimos 30 años".
 
El diálogo de los cuatro diputados con Lavagna empezó primero en forma secreta y, tras una serie de disertaciones moderadamente críticas del economista, concretaron una reunión que se dio a publicidad. Kirchner repudió en el acto a su ex ministro.
 
La ofensiva oficial estalló unos días después y llevó a Lavagna al umbral de una postulación presidencial. "El Gobierno lo instaló como candidato y ha acelerado los tiempos de manera increíble", dice Sarghini.
 
De apuro
 
Los cuatro coinciden en que el apuro de Mauricio Macri por sugerir que peleará la presidencia responde al impacto de las noticias sobre Lavagna.
 
Alvarez, siempre el más locuaz, se apura: "Macri será la opción de la derecha y eso está bien. El oficialismo tendrá seguramente al Presidente. Nosotros nos propusimos construir un espacio superador, que tenga como cabeza a un peronista". Se pisan otra vez. Sarghini dice: "Será una propuesta de centro, moderada y progresista, como dice Roberto"
 
¿Hay un Lavagna distinto en los últimos días? "Seguro. Sin dudas leyó la reacción que tienen sus palabras en la sociedad", añade Sarghini. Con más o menos convicción, los cuatro dicen que se le puede ganar a Kirchner en un ballottage, pero cortan el tema: falta mucho tiempo.
 
Camaño no quiere callarse tan rápido: "Lo que es seguro es que no nos vamos a achicar. Le vamos a responder todo al Gobierno. El año pasado nos entretuvieron con un acuerdo en el peronismo y después nos sorprendieron con la ruptura". Se sonríe: "Esta vez los sorprendimos nosotros."
 
Una última pregunta: ¿de verdad no está Duhalde detrás del plan? Esta vez se lo toman mejor. Responde Alvarez: "Los barones del duhaldismo están con Kirchner. El Gobierno puso el Jordán y purificó a los que cruzaron. Incluso a muchos menemistas: falta que pongan el Barón B con pizza y listo".

lunes, 26 de noviembre de 2012

Juanjo Alvarez: “Queremos que Lavagna sea candidato, pero el no lo decidió”

En declaraciones radiales, el diputado nacional indicó que la figura de Roberto Lavagna "pesa por sí misma" y que seguramente tomará la decisión de ser candidato en función del consenso que provoque en el conjunto de la sociedad, “y no por cuántos dirigentes apoyemos su candidatura”. Además, consideró que el “clima de campaña” de los últimos días no se puede sostener en el tiempo. “Creo que sería un gravísimo error, y desconocer las necesidades de la gente, lanzar una campaña política un año y medio antes”.
 
A continuación, les ofrecemos la transcripción de la conversación mantenida con Omar Báez, por Radio América (13: 43):

 
Omar Báez: Alguien que parece estar apoyando la gestión de candidatura a presidente de la Nación de Roberto Lavagna es el diputado Juan José Alvarez. Diputado, buenas tardes, Omar Baez lo saluda, ¿cómo está usted?
 
Juan José Alvarez: Bien, bien, gracias.
 
OB: Diputado, ¿hay posibilidades de ganarle al presidente Kirchner en las próximas elecciones?
 
JA: Un buen candidato va a tener un papel importante, sin dudas; el candidato dará las posibilidades o no de enfrentar con éxito a un rival muy duro, evidentemente, como es el Presidente de la Nación, posicionado en un sector importante de la sociedad argentina.
 
OB: ¿Es Lavagna ese candidato?
 
JA: Esperemos que sí, nosotros creemos que sí. Pero él todavía no lo ha decidido. Está haciendo una ronda de consultas, está mirando, está pensando; estará analizando una decisión  tan grave y tan fuerte que es, nada más no nada menos, que decidir si su figura aporta al panorama político argentino. Nosotros creemos que sí, pero la decisión es de él.
 
OB: Alvarez, lo que se conocepúblicamente, que podría sumar ya en estos momentos a la candidatura de Lavagna es el bloque de legisladores que usted integra, que es una pata peronista en la provincia de buenos aires, la UCR, si finalmente dentro de la Convención nacional de los radicales triunfa esta postura. ¿Qué más podría sumar Roberto Lavagna?
 
JA: Yo lo pensaría al revés. Sin ningún lugar a dudas, y antes de la definición de Lavagna, lo que ya se ve es el apoyo de un sector importante de la sociedad, más allá del encuadramiento que tenga entre partidos. Esta no es una cuestión de cuántos dirigentes o diputados va a convocar la figura de Lavagna en el caso de que decida ser candidato a presidente, sino cuál es realmente la relación, cuál es el éxito que tiene en su propuesta, su figura en el plano de la credibilidad. Decir que ayer éramos veinte diputados y la semana que viene somos veintidós, y que eso significa un crecimiento de Lavagna, me parece que eso es equivocarse. Yo creo que es la figura de Lavagna. Y creo que Lavagna tomará una decisión en función de cuál es la reacción que provoca en el conjunto de la sociedad, y no cuántos dirigentes políticos de un partido, de dos, o de tres apoyemos o dejemos de apoyar su candidatura.
 
OM: Alvarez, ¿cómo imagina que puede ser esta estrategia si finalmente Roberto Lavagna acepta la postulación? Imagina una alianza, imagina que vayan todos los candidatos de los partidos en primera vuelta y después en la segunda vuelta se define, ¿A usted qué le gustaría?
 
JA: Primero esperemos que Lavagna tome una decisión, y en eso hay que ser respetuosos. No es una decisión que va a tomar influenciado por incidencia de dirigentes políticos, que se arrimen a su casa y le digan que tiene que hacer una cosa o la otra. Esto es una decisión que va a tomar él y, repito, la va a tomar en función de si considera que es necesario una candidatura de él a presidente y si esa candidatura tiene posibilidades, tiene arraigo en la gente y, repito una vez más, no en la cantidad de dirigentes que se le acerquen. Eso por un lado. Y por otro lado, la Constitución Argentina, con su sistema de ballotage, aunque es perfectible, según mi humilde opinión, implica que la gente en la primera vuelta vote por el candidato de su preferencia. En todo caso, el llamado voto útil es una alternativa de segunda vuelta. Este es el sistema electoral argentino y no veo por qué tenga que cambiar, sea o no candidato Lavagna.
 
OB: Ve a la gente de Pro apoyando finalmente la candidatura de Roberto Lavagna?
 
Ellos tienen su candidato, tienen un candidato que es Mauricio Macri; tiene que hacer su desarrollo, representa a una porción del electorado y tienen que ser consecuentes con ello. Y lo mismo debiéramos hacer otros sectores. Me parece que es anticiparse excesivamente a los tiempos. Mire, estamos hablando de una persona que no ha decidido cuál va a ser su futuro político, y tener de ahí que empezar sacar conclusiones sobre quienes lo van a apoyar y quienes lo van a dejar de apoyar, me parece un poco temerario.
 
OB: ¿Imagina una campaña sucia?
 
JA: Espero una campaña limpia. Eso es lo que puedo contestarle.
 
OM: Bueno, pero al menos como están planteadas las cosas hoy, cómo se está desarrollando esto que se ha lanzado ya, parece, como una campaña electoral…
 
JA: Bueno, pero estova a amainar. Estos son cuestiones que tienen que ver con posicionamientos, con la aparición de figuras fuertes, con un acto tan importante como hizo el sector vinculado con el Presidente de la Nación el 25 de mayo en la plaza de mayo; el lanzamiento de la diputada Carrió; el lanzamiento del senador Menem, el lanzamiento -o algo parecido- del diputado Macri. Estas cuestiones evidentemente impactan. La aparición de Lavagna, aunque todavía sin una decisión… Pero esto v a amainar. Falta mucho; hay muchas cosas que hacer, hay que trabajar todos los días; el oficialismo con la enorme responsabilidad que tiene, y la oposición también con su responsabilidad. Creo que sería un gravísimo error de parte de todos, y sería desconocer las necesidades de la gente lanzar una campaña política un año y medio antes.
 
OM: Y cuando falta un año y medio, casi diecisiete meses para las elecciones, ya tenemos varios candidatos a presidente lanzados. Tenemos a Menem, a Sobisch, a Macri, a Kirchner, a Lavagna, a Lilita. Esto ha sido la formalidad de los lanzamientos, pero…
 
JA: Lo de Lavagna déjelo todavía entre paréntesis.
 
OM: Pero estos, al menos los que ya están lanzados, aunque sea una formalidad, ¿llegarán a diciembre?
 
JA: Habrá que verlo. Lo que le puedo asegurar es que es imposible de sostener un clima de campaña cuando no la hay. Uno no puede pretender generar un clima y un interés de campaña cuando todavía falta mucho. Creo que sería, repito, erróneo. Me parece que esto va a amainar. Vamos a discutir, coincidir y disentir los temas que vayan apareciendo, que son los temas de la gestión diaria, los temas coyunturales y, por qué no, los temas estructurales. Pero me parece que empezar a pensar ahora y hacer mediciones y preguntar a la gente ‘usted a quién votaría hoy a  presidente’, me parece, cuanto menos, una enorme ingenuidad.
 
OM: Bien, Juan José Alvarez, diputado nacional del Bloque Justicialista Nacional, muchísimas gracias por atendernos.
 
JA: Gracias a ustedes por llamarme.

Sobre la delegacion de poderes permanentes

Principales conceptos del Dip. Nacional Juan José Alvarez (Bloque Justicialista Nacional). entrevistado sobre el proyecto de poderes especiales permanentes a la Jefatura de Gabinete (Fuego Cruzado - América TV - 02/07/2006 - 23:40)
 
  • “Estas facultades que la Constitución otorga en momentos muy especiales y que deben ser de interpretación restrictiva, ¿son aplicables en este momento? Hay autores, como el ex ministro de Justicia de este gobierno Dr. Rosatti, que consideran que en 2002 no se habían dado las circunstancias como para hace uso de las facultades extraordinarias. Si en 2002, según algunos importantes constitucionalistas, no estaban dadas las circunstancias, ¡qué decir de 2006!”
 
  • “¿Qué estamos discutiendo? ¿Una facultad de emergencia? Si continúa la emergencia y por ello se hace uso de estos mecanismos, ¿por qué de manera permanente? O acaso nos están dando la mala noticia de que la emergencia va a durar siempre?  Quien alguna vez tomó antibióticos no quiere decir que tenga que tomar antibióticos toda su vida. Lo que en todo caso podemos discutir es si está bien utilizada la emergencia y los mecanismos o “remedios” constitucionales para la emergencia en el 2001, 2002, 2003, 2004, 2005 y 2006. Si existe una situación excepcional, que además impida que el Congreso pueda resolverla, entonces digámoslo claramente: ‘Hay una emergencia’; aclarar cuál es y que, en todo caso, sea temporal.”
 
  • (Con referencia a los argumentos esgrimidos por el oficialismo, en defensa del proyecto) El parlamento no está administrando. El Parlamento está dando el marco a partir del cual se administra, y este marco es el Presupuesto. En la división de poderes, el poder que pierde uno, lo gana otro. O el poder que uno gana, alguien lo pierde. En este caso, está absolutamente claro que el que va a perder después de sancionarse estos poderes, es el congreso de la Nación.
 
  • “El Congreso no es un lugar donde anida la oposición, sino un lugar donde el oficialismo tiene mayoría. No es una situación de gobierno dividido donde los diputados traban permanentemente la gobernabilidad y no le queda al gobierno más que apelar a este mecanismo.”
 
  • “Este proyecto no solamente afecta la división de poderes, sino que afecta la relación nación y provincias: el federalismo argentino. Es un tema de fondo. Es un tema que no se agota en las partidas.”
 
  • “Por otro lado, hay un tema central que es el control. Por eso nosotros hemos propuesto que el Congreso de la Nación tenga una Oficina de Seguimiento del Presupuesto. Hay una iniciativa presentada por el bloque al que pertenezco pidiendo la creación de una oficina que siga el Presupuesto, porque esto es fundamental. Si el Congreso pierde esta facultad, las funciones que le quedan realmente serán pocas. Va a haber una derogación de hecho de la Constitución, vía una emergencia permanente.”
 
  • (Sobre futuras acciones en contra del proyecto) “Vamos a marcar claramente, como legisladores que somos, nuestra posición, intentar que esto se debata, intentar que la sociedad tenga claro qué es lo que estamos discutiendo. Esto no es un mero cambio de funciones, que lo que hacía una comisión ahora lo va a hacer el Jefe de Gabinete; cómo influye en su vida cotidiana; por qué estamos planteando esto, esto no es una cuestión demagógica, como por ahí hemos leído. Este es un tema serio; es un tema grave y que merece una fuerte discusión, y esto es lo que vamos a hacer: darla en las comisiones, darla en el recinto.”

jueves, 22 de noviembre de 2012

Se recalienta el debate por los decretos

La polémica reglamentación del control parlamentario de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) -aprobada el miércoles en el Senado tras una extenuante sesión y defendida de manera enfática por la senadora Cristina Kirchner- será el principal tema de debate durante esta semana en la Cámara de Diputados.
 
Al igual que lo ocurrido en la Cámara alta, la batalla entre oficialistas y opositores promete ser áspera. La Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja, que encabeza el kirchnerista Juan Manuel Urtubey, continuará mañana con el tratamiento de un puñado de proyectos presentados para aprobar o rechazar los decretos enviados por el Poder Ejecutivo.
 
Más allá de las buenas intenciones de algunos diputados -y la existencia en el temario de otros proyectos firmados por legisladores oficialistas como Rafael Bielsa y Alfredo Atanasof- nadie duda de que el kirchnerismo hará suyo ese día el dictamen del Senado sin solicitar ni efectuar cambios.
 
El proyecto establece la creación de una Comisión Bicameral permanente de 16 miembros que determinará la "validez o invalidez de cada decreto" antes de girarlo al pleno de ambas cámaras. La senadora Kirchner destacó que la nueva redacción había terminado con la sanción ficta, es decir que los decretos de necesidad y urgencia quedarán ratificados por el simple silencio del Congreso.
 
En su artículo 20, el proyecto autoriza a ambas cámaras a expedirse sobre el decreto enviado por el PE una vez transcurridos los 10 días de trabajo de la comisión bicameral, pero nada dice sobre los plazos con los que cuenta el Parlamento. Así, el silencio del cuerpo o el rechazo de una sola de las cámaras hará que, efectivamente, esas decisiones -usadas sin rodeos por los últimos presidentes constitucionales- sigan vigentes.
 
Este proyecto es sustancialmente diferente del que la propia senadora presentó en 2002, en el que proponía que en 20 días hábiles ambas cámaras debían expedirse sobre cada decreto. También establecía que si una sola de las cámaras lo rechazaba, el DNU quedaba sin efecto.
 
"Habrá debate, aunque no esperamos que haya consenso, y seguramente apoyaremos un proyecto similar al que salió del Senado", afirmó Urtubey. En el mismo sentido, la diputada Rosario Romero (FV-Entre Ríos) afirmó que luego de 12 años sin reglamentar los DNU -tal como lo estable la reforma constitucional de 1994- lo peor que se puede hacer "es no hacer nada". Y destacó que en los artículos 10 y 13 del proyecto se habla de la necesidad de "tratamiento expreso" del Congreso.
 
Las quejas
 
La oposición no piensa parecido. Desde el Interbloque Propuesta Federal, de Mauricio Macri, esgrimirán el proyecto de Jorge Vanossi, que establece un plazo máximo de 40 días para que el Congreso se expida sobre la validez del decreto, y 60 si es que la comisión bicameral no se expidiera. "Hay que buscar un plazo razonable de caducidad, no es posible que a partir de la reforma constitucional se haya incrementado el uso y abuso de DNU", afirmó el diputado Pablo Tonelli (Pro-Capital).
 
"Decir tratamiento expreso es decir poco. De hecho, hay muchos ejemplos, como la renegociación de contratos con empresas privatizadas, en los que el Congreso debía expedirse y no lo hizo", cuestionó la diputada de ARI Marcela Rodríguez.
 
Su proyecto -también firmado por la líder partidaria, Elisa Carrió, y Adrián Pérez- coincide en la creación de la comisión bicameral, pero establece que el no tratamiento por parte de las cámaras en 30 días o el rechazo de una de ellas hará caer el decreto.
 
Con similares argumentos se opondrán desde el radicalismo. "El problema es básicamente del Congreso. ¿A quién le vamos a echar la culpa si no ponemos plazos y no nos obligamos a que las cámaras de expidan?", se sinceró el diputado Mario Negri.
 
Desde el justicialismo nacional, Juan José Alvarez afirmó: "Hay que superar la tentación de legislar por decreto sin control político. Hoy el Ejecutivo tiene más facultades para legislar que el Legislativo".
 
Desde el kirchnerismo, el titular de la Cámara baja, Alberto Balestrini, consideró que "la reglamentación de los DNU era un reclamo permanente, una aspiración que viene desde la incorporación de este instrumento a la Constitución en la reforma de 1994".
 
Para Urtubey, "es una gran mejora para el sistema institucional tener una comisión bicameral que se dedique a tratar todo lo relacionado con DNU porque en la actualidad es difícil que se traten en el Congreso".
 
El apoyo no es unánime. El ex canciller Bielsa presentó en los últimos días un proyecto que establece un plazo de 30 días para que las cámaras se expidan sobre la validez del decreto, y en su artículo 16 fija que "si el decreto no fuera expresamente aprobado por ambas cámaras carecerá de toda validez y eficacia".
 
Paradojas de un oficialismo que, sin embargo, confía en alcanzar la mayoría necesaria para impulsar el proyecto que defendió, a capa y espada, la senadora y primera dama.
 
Por Jaime Rosemberg
De la Redacción de LA NACION

Una obsesion monumental

Mientras trabaja intensamente por la candidatura presidencial de Roberto Lavagna y hasta deja correr su nombre como posible aspirante a la gobernación bonaerense, el diputado Juan José Alvarez no descuida su verdadero sueño: convertirse algún día en el presidente de River. Pese a que lo niega públicamente, este hincha fanático, imagina los acalorados duelos verbales que tendría con Mauricio Macri, con quien mantiene una muy buena relación.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El debate mas profundo sobre los tironeos del poder

DESDE EL CONGRESO: PRORROGA DE LAS FACULTADES DELEGADAS
El debate más profundo sobre los tironeos del poder
Por Armando Vidal
 
El único gran poder del Congreso es su capacidad de dar a otro el poder que le pertenece. Por eso la Constitución de 1853 le prohibió hacerlo bajo a riesgo de que los responsables sean condenados por "infames traidores a la Patria". Suena a tiempos de las cavernas pero eso es lo que se imprimió y rige en la ley suprema tras la derrota militar de Juan Manuel de Rosas con la participación de tropas extranjeras en 1852. O que fueran presos los legisladores del PJ en 1955 por orden de los golpistas de la llamada Revolución Libertadora.
 
El último debate sobre el poder se dará este miércoles en Diputados al tratarse la nueva prórroga por tres años de facultades que son del Congreso. A partir de allí y hasta el 25 de agosto de 2009, el Ejecutivo podrá seguir legislando por decreto, salvo para crear impuestos o en materia penal, electoral o sobre los partidos políticos.
 
Estas únicas limitaciones son las fijadas por la última reforma constitucional al admitir los decretos de necesidad y urgencia sólo para situaciones de emergencia y por un plazo determinado. Las otras facultades delegadas —éstas que se prorrogan ahora— provienen de la historia. Son normas de los tiempos de predemocracia (1862/ 1916), de la democracia fundacional (1916/30), de la fraudulenta (1930/43), de la autoritaria (1946/55), de las democracias endémicas (1958/62 y 1963/66), y de la condicionada (1973/76), además de los regímenes dictatoriales (1955/58, 1966/73 y 1976/83) y de la versión de la democracia que transcurre desde hace 23 años.
 
El marco normativo se sostiene en la siempre renovada ley de emergencia y la votada, pero no plasmada, creación de la comisión bicameral que debe tratar los DNU y los decretos derivados de la delegación de facultades.
 
Este debate que se avecina fue precedido por uno del miércoles en la comisión de Asuntos Constitucionales, cuyo presidente, Juan Manuel Urtubey, incurrió en la extrañeza de no convocar a los taquígrafos. Creyó que los radicales apoyaban y que todo sería sin importancia. Se equivocó. Por eso, sólo unos pocos disfrutaron de esa profunda discusión sobre el poder.
 
Protagonista destacado fue Pablo Tonelli (PRO), autor de un dictamen de minoría que terminó respaldando el radicalismo. En síntesis se opone a volver a aprobar lo realizado hasta 1994 por esas delegaciones, puesto que ya se lo hizo en 1999, 2002 y 2004 por leyes del mismo tenor. Y rechaza por inconstitucional seguir empleando esas facultades como ya hizo el gobierno de Néstor Kirchner en los dos últimos años.
 
La kirchnerista Diana Conti le atribuyó una visión teórica por falta de experiencia en el Poder Ejecutivo. "Se equivoca", dijo Tonelli. Y con una sonrisa ofreció a Rafael Bielsa como testigo, que asentía sentado en la otra punta de la fila oficialista. Conti olvidó que Tonelli fue subsecretario de Justicia en el gobierno de Raúl Alfonsín, igual que Bielsa lo era en otra área de esa cartera que encabezaba Enrique Paixao.
 
No eran los únicos ex funcionarios que participaron de la discusión: también lo hicieron, en contra de la ley, Jorge Vanossi (PRO) y Juan José Alvarez (Justicialista Nacional), ex ministros en la gestión de Eduardo Duhalde.
 
El ex canciller Bielsa —un constitucionalista que está a favor—, reconoció en alusión a los legisladores "que en materia de delegaciones los que menos conocen somos nosotros".
 
No las conocen pero igual los kirchneristas las van a votar. Para eso tienen el poder.

‘El resentimiento no es una virtud política’

Cumplidos dos meses de la revelación de su paso por la SIDE durante la última dictadura, Alvarez rompe el silencio. Defiende lo hecho y su paréntesis. Responsabiliza al Gobierno de la filtración. Y mira hacia el futuro: la lección de Misiones, la caída de Solá, Lavagna, Duhalde, el libro que está escribiendo. Juanjo Alvarez, de regreso.
Por magdalena ruiz guiñazu
 
 
 

Con la vista hacia adelante.
Todavía le duele hablar del “affaire SIDE” y del terremoto que generó en su vida familiar y política. Prefiere hablar de lo que va a hacer, de la no reelección de Solá y de lo que puede pasar en 2007. Foto: Enrique Manuel Abbate
 
 
Cuando Página/12 publicó, el 10 de septiembre, el legajo de la Secretaría de Inteligencia del Estado, en el que se recordaba al actual diputado Juan José Alvarez como integrante de sus huestes bajo el nombre falso de Javier Alzaga, mucha gente se estremeció de sorpresa. ¿Cómo imaginar que, en aquel lejano 1981, el joven estudiante Alvarez deseaba servir “mejor” a la Patria a través de su organización de espías? Ante el desconcierto que produjo la noticia, insistimos mucho en llegar a este reportaje. En el momento, fue imposible. Ya no.
—Alvarez, ¿usted piensa que fue un golpe contra usted?
—La verdad que fue... Bueno, esto tiene básicamente dos aspectos. Uno, el personal. Cómo lo sentí y lo viví con mi familia es algo íntimo. Fue muy duro y de esto no quiero hablar en público. Y desde el punto de vista de la política, evidentemente fue un hecho que tuvo una secuencia. En algún medio (se refiere a Página/12) fui tapa tres días seguidos y luego desaparecí para ellos. No volvieron a mencionar el tema. Es la segunda vez que me ocurre con ese medio.
—Pasados dos meses, ¿a quién le adjudica la revelación de su paso por la SIDE?
—Primero, existe una investigación judicial en marcha, que espero tenga pronta resolución. Sin perjuicio de ello, está claro que quien tiene el deber legal de guardar esa información, que es el Gobierno nacional, no lo ha hecho. Por lo tanto, no tengo elementos para pensar que alguien diferente, o de otro ámbito, pudo haber tenido acceso a esa información.
—¿Quién cree que se benefició con todo esto?
—Nadie, absolutamente nadie.
—¿Por qué cree que la información se conoce ahora?
—No lo sé. Pero no es difícil suponer que mi perfil opositor pueda haber tentado a algunos sectores a realizar esta maniobra. Me gustaría aclarar que esta información se conoce ahora públicamente, porque –repito una vez más– existe desde hace 25 años en un organismo del Estado, con lo cual se podría haber desclasificado cumpliendo con los requisitos de la Ley de Inteligencia, cosa que no se hizo.
—¿Qué va a hacer de su carrera política?
—Nunca tuve una carrera política fácil y traté siempre de colaborar en situaciones, como a todos les consta, muy difíciles. Sigo pensando de la misma manera y trataré de continuar haciendo lo mismo, desde el lugar que me toque.
—¿Cómo reaccionan ahora ante usted sus colegas (cercanos y adversarios), su familia y la gente de la calle?
—Mi familia me ha apoyado con la misma firmeza que en otros momentos complicados que he tenido que pasar. Lo dije públicamente, como cuando asumí como ministro de Seguridad en la Ciudad de Buenos Aires, a pocas horas de la tragedia de Cromañón. En cuanto a los colegas, muchos me han manifestado su solidaridad frente a lo que consideraron una maniobra de baja calaña. La gente en la calle me transmitió un sentir similar, sobre todo los primeros días, en
coincidencia con la repercusión en los medios de comunicación. Con el transcurso del tiempo, como obviamente para ellos no es un tema importante, no me paran en la calle para hablarme de esto.
—¿Le cambió en algo la mirada que tiene sobre las reglas de la política?
—No, justamente porque sigo convencido de que ciertas prácticas deben cambiar. El resentimiento no es una virtud política.
Alvarez parece muy molesto y creo que su relato también obedece a su preocupación por ser conocido como un funcionario combatido por sus adversarios y requerido por el país en los peores momentos.
—Considerando, entonces, su amplia experiencia en el asunto, ¿cómo ve hoy el tema seguridad en la Provincia de Buenos Aires?
—En todas las encuestas de opinión, la gente dice que no se conoce todo lo que ocurre realmente. Yo siempre he dicho que me parece que no tiene mucho sentido discutir cuánto hay de sensación y cuánto de verdad en las estadísticas. En última instancia, la sensación es la que condiciona la conducta de la gente. Si usted cree que le va a pasar algo, si tiene miedo, etcétera, usted se va a autolimitar y es lo mismo que los datos estén o no, porque eso no va a modificar su conducta. Si hoy le decimos a la gente que la economía anda mal, habrá muchos que no lo van a creer porque, objetivamente, para muchos, las cosas están mejor.
—Continuemos con el tema seguridad. ¿Usted cree que hay menos secuestros?
—No tengo las estadísticas últimas pero hay cosas que me llaman la atención. Fíjese: estamos todos preocupados y angustiados por lo que sucede con López. Entonces (y no hace tanto) leemos en un diario que dicen que la persona que apareció tirada en algún lado no era López. Bien, pero ¿quién era?, ¿qué le pasó? Si no fuera porque en la agenda está el tema de López, no nos hubiéramos preocupado por esa persona. Me parece que es un tema que hay que seguir trabajando y me parece gravísimo que funcionarios que tienen la responsabilidad del tema seguridad crean que ya se hizo todo lo que se podía hacer.
—Pero usted, con su experiencia, ¿qué haría en este caso? ¿Por ejemplo, si usted fuera ministro de Seguridad en la Provincia de Buenos Aires?
—El plan que nosotros habíamos puesto en marcha...
—Perdón, cuando dice “nosotros”, ¿a quiénes se refiere?
—A Solá, en 2003. Ese plan se llamaba Cuadrícula porque yo había dividido así el Gran Buenos Aires. Sobre cada cuadrícula, poníamos un patrullero que no podía moverse de ese lugar. Hicimos eso en forma igualitaria y, después, tomando el mapa del delito, poníamos más policías en las cuadrículas más peligrosas. Esto, a nosotros, nos funcionó. Me acuerdo que en el Departamento Judicial de Quilmes, por ejemplo, la cantidad de secuestros denunciados antes de la aplicación de ese plan era de... no recuerdo exactamente pero pongamos de 20 secuestros express. Cuando pusimos en marcha el Cuadrícula, cayó un 70%. También sé que, de alguna manera, hoy están siguiendo el plan. Cada ministro le dará su impronta pero creo que es un sistema al que hay que seguir implementando. Sin lugar a dudas.
Hay una fuerte nostalgia en las reflexiones de este hombre de 51 años, padre de cinco hijos, muy seguro de sí mismo. Un hombre que apostaríamos suele preguntarse por qué motivo el país no acude a él con más frecuencia.
—Yo me acuerdo –prosigue– de que en 2001 (como ministro de Seguridad provincial), yo le dije a un colega suyo que el enemigo más grande que tiene la seguridad es aquel que vende soluciones instantáneas. Si yo tuviera hoy una solución instantánea, mediata y supereficaz, lo que tendría que hacer es decir “aplíquenla” para evitarle a la gente tanto sufrimiento. Obviamente, no la tengo ni nadie la tiene. Lo que sí creo es que hay un plan que, desarrollado en etapas y cumpliéndose, tiene que mejorar sustancialmente la situación. En 2002, cuando yo era ministro de Seguridad de la Nación, a pesar de que utilizábamos gran parte de la fuerza policial para cuestiones de orden público y que eso distraía policías para combatir al delito urbano, tuvimos éxitos importantes.
—Con toda su experiencia personal, Alvarez, ¿usted cree realmente que Eduardo Duhalde se ha borrado de la vida política para siempre o es una etapa?
—Yo creo que Duhalde ha dejado de lado... ha superado la etapa de político activo. En todo caso, la política es como el periodismo: uno siempre sigue ejerciéndola. Pero me parece que en una forma absolutamente distinta. Creo que él está ocupado y preocupado por cuestiones políticas del país. También le digo con franqueza que hace bastante tiempo que no lo veo, que no hablo con él pero la actividad política diaria de Duhalde como dirigente político (no digo como hombre interesado en la política) es cosa del pasado.
—Sin embargo, Duhalde es una persona que tenía todavía tiempo por delante...
—Voy más allá de Duhalde. Creo que es una lástima que todos aquellos que tienen experiencia y cosas para aportar... –se abstrae nuevamente–. Mire, usted me hablaba del tema de la seguridad. Yo tengo... en este momento me vinieron a consultar desde un Estado importante (no voy a decir quién), bueno, me vinieron a consultar de dos países importantes de Latinoamérica para que les dé una mano a fin de armar un plan de seguridad. Son dos Estados importantes de estos países. Lo hago con algunos gobernadores de provincia que también me llaman (y que, por razones obvias, lo hacen con mucha cautela) para que les brinde algunas ideas respecto de estas cuestiones. Y la verdad es que, sin creerme ni mucho menos que poseo todas las soluciones, me hace bien saber que esa experiencia mía, con todos los errores que cometí, pueda servirles. Les puedo aconsejar: “No hagan tal macana porque yo la hice y no me resultó”. Aunque sea para decirles que hagan exactamente lo contrario de lo que yo hice. Esto me pasó el otro día cuando veo, por ejemplo, las formas (no discuto el fondo que no conozco) con las que Guillermo Nielsen se va del Gobierno de la Ciudad. Usted tiene allí a una persona que ha negociado la deuda externa más voluminosa de la historia, que lo ha hecho en forma eficiente. Entonces, me parece que merece un enorme respeto y yo, por lo menos, lo digo con la visión del lector de diarios, creo que no se lo ha respetado.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Diputados investigarán la violencia en el fútbol


La Comisión Especial para el Análisis, Evaluación e Investigación de la Violencia en el Fútbol de la Cámara baja quedó conformada hoy con el objetivo de observar los distintos factores que originan los constantes ataques que se viven en torno a la disputa de los partidos.
 
El nuevo cuerpo, que estará integrado por 15 diputados, investigará además los aspectos institucionales y económicos relacionados con el fútbol. Podrá plantear modificaciones a la legislación civil y penal vigente para erradicar este problema.
 
Además,la comisión investigará la responsabilidad de los organismos que administran el fútbol y de quienes están a cargo de la prevención de los desmanes.
 
Analizará los modos de comercialización de las localidades de cada partido y verificará las operaciones de reventa, entre otras actividades específicas.
 
La comisión quedó presidida por el Juan Bonarcorsi, del partido de Luis Patti, y la vicepresidencia quedó para el kirchnerista Juan Ilarregui.
 
También participarán Delia Bisutti, del ARI, los oficialistas Osvaldo Nemirovsci, Rody Ingram, Danta Dovena, María Teresa García e Isabel Artola, el lavagnista Juan José Alvarez, los macristas Eugenio Burzaco y Jorge Vanossi, el socialista Eduardo Di Pollina, y el ex duhaldista y neokirchnerista Oscar Rodríguez.

Juan José Alvarez quiere crear un cuerpo especial de seguridad

Uno de los que vivió la barbarie de cerca en las inmediaciones del estadio de River al enfrentarse parte de sus barras, fue el legislador Juan José Alvarez, que ayer estuvo presente en la charla que brindó Mario Gallina en el anexo de la Cámara de Diputados.
 
El día de los incidentes, Alvarez concurrió al predio con una de sus hijas, mientras que sus tres hijos varones ya estaban en el lugar. Habían llegado dos horas antes del partido de River con Lanús, el domingo último.
 
"Yo tengo cinco hijos y sólo mi hija mayor, que ese día estaba ocupada con un tema de la facultad, no vino al club." El diputado se sintió desprotegido como todos los hinchas riverplatenses cuando se enteró que allí mismo se terminaba de disputar una batalla campal ajena a todo entendimiento racional. En tales circunstancias dijo sentir "indignación conmigo mismo".
 
"Por allí se dijo que yo había denunciado que hay integrantes de algunas barras que son policías en actividad, pero no es así", advirtió Alvarez ayer, en una charla telefónica con LA NACION. "Lo que dije es que conocí a policías que integraban grupos violentos, que supe de oficiales que estaban en las hinchadas y que, por ese motivo, creo que resulta ilógico e insólito que haya policías custodiando a otros que podrían formar parte de la misma fuerza", sentenció.
 
Alvarez lleva adelante la idea de que debe crearse un cuerpo especial que se ocupe de la seguridad deportiva. En otras palabras, boga por policías preparados para entrar en acción cuando se producen este tipo de inconvenientes. "Me molesta particularmente cuando los dirigentes dicen no conocer a los barrabravas, no saber quienes son. ¿Cómo es posible? ¿Quién no los conoce?" enfatizó el funcionario. De todos modos, fue más allá al trazar un paralelo con lo ocurrido en otras partes del país durante los últimos tiempos. "Los incidentes cobraron trascendencia especial porque se trató de River, y lo que genera River siempre es noticia, pero esto ocurre en todo momento en todos lados. El problema de la violencia en el fútbol creo que es demasiado más grave de lo que la mayoría de la gente piensa. Si lo que ocurrió en Mendoza hubiese pasado en River o en Boca, hoy estaríamos hablando de algo más profundo todavía por el hecho de la trascendencia que tienen estos clubes", dijo el legislador, socio de River de toda la vida .
 
Convencido de que se necesitan soluciones urgentes, Alvarez fue terminante y concreto: "Mi criterio es que la violencia no tiene camiseta. Este fin de semana se puso la de River, pero todos sabemos que lleva la de todos los clubes del fútbol argentino".

jueves, 15 de noviembre de 2012

Juanjo Alvarez habla sobre su nuevo libro


El diputado nacional, entrevistado por Clara Mariño, comentó algunos conceptos de su nuevo libro, "Crisis de Gobernabilidad y Control en la Argentina". A continuación, les ofrecemos la desgrabación completa de la entrevista:
 


A CIELO ABIERTO - CLARA MARIÑO – FM LATINA
Miércoles 11 de abril de 2007 – 08:05

Clara Mariño: Estamos comunicados con el diputado nacional Juanjo Alvarez. Estoy informada de la noticia de un libro que se está por publicar y cuyo título a mí ya me atrapó y le dije a la gente de mi producción que me gustaría hablar con él. Se llama Crisis de Gobernabilidad y Control en la Argentina. Yo creo que es un tema clave, porque prácticamente desde el 83 en adelante, con distintas características y por distintos motivos, la Argentina, a pesar de tener afortunadamente continuidad democrática, ha sufrido vaivenes institucionales realmente muy graves. Diputado Alvarez, buen día, cómo está usted.
 
Juan José Alvarez: Clara, buen día, ¿cómo está?
 
CM: Bien, ¿Cómo anda?
 
JJA: Bien, gracias a Dios, bien.
 
CM: Cuénteme, primero, por qué se decidió a escribir este libro, y por qué eligió este tema.
 
JJA: Este libro fue una decisión que tomé hace muchos años. Me llevó bastante tiempo desarrollarlo, primero porque es un tema complejo, es un tema arduo. Y, después, porque mi azarosa vida política me obligó a hacer algún impasse en esto. Estoy hablando de fines de 2001, cuando estuve al frente de la seguridad en la Provincia de buenos Aires; en 2002, en Justicia en la Nación; en 2003 de nuevo en la provincia; y en 2005 post Cromañón, cuando fui llamado justamente por esa cuestión, así que en realidad tuve que hacer muchos paréntesis. Pero es una decisión que tomé hace tiempo. Y mi experiencia de gobierno de tantos años me hizo ver que había un diseño institucional que no respondía adecuadamente a las necesidades de lo que, según mi modesta opinión, es el diseño de un país moderno, de un país sustentable.
 
CM: Usted dice en una parte del libro que el proceso político desde el 83 en adelante -y podríamos ir mucho más atrás, pero bueno, no nos vamos a perder en el tiempo-, se hizo a expensas de las instituciones. Y uno lo que ve hoy, desde hace bastante tiempo, que el problema institucional en la Argentina es también,  a mi juicio–yo no sé si usted lo comparte-, causa de la crisis también económica y de falta de proyecto de país.
 
JJA: Sin duda. Yo le diría que, más que a expensas, se hizo en contra de la normalidad institucional, de la calidad institucional. Lo que planteo en el libro en términos sencillos es que la Argentina del atajo, la Argentina de la excepción permanente, la Argentina del “córranse, déjenme que lo hago yo solo”, no es una Argentina buena, no es la Argentina que queremos y necesitamos. Yo planteo que en la Argentina –y no soy el único que lo hace, por otra parte- el concepto de excepción, de situación excepcional se ha convertido en la normalidad, con lo cual los instrumentos de excepción se han vuelto instrumentos normales, y esto constituye una perversión del sistema institucional.
 
CM: Ahora, Alvarez, usted es diputado. Esto se hace con la complacencia, no de toda, pero sí de una amplia parte de la clase política argentina.
 
JJA: Si. Es que hay una pauta de funcionamiento que ya se ha hecho cultural,  y es que una vez que salgamos de esta excepción -y se califica como excepción cualquier situación medianamente crítica o difícil, como tenemos todos en la vida-. Las instituciones, al igual que el cuerpo humano, tienen momentos de enfermedad, ahora, la calidad del medicamento, la receta para esa enfermedad no puede ser siempre drástica y dramática. Yo creo que la argentina ha aplicado –y hablo del período institucional democrático, desde el 83, porque es el período donde se abre, y se abrió, todo un nuevo horizonte, que obviamente no era el que existía hacia atrás, donde había una alternancia entre gobiernos cívicos, digamos, casi títeres de los gobiernos militares, golpes militares, reposición de gobiernos débiles. En el 83 se abre un período distinto. Y en ese período distinto, según mi criterio, lo que estamos dejando de hacer o no hacemos con la energía suficiente, es darle realmente al país una normalidad permanente. Y este libro está escrito, y por el tiempo cuando comencé a escribirlo, sin pensar necesariamente en el presidente Juan, en el presidente Pedro, o en el presidente que sea. Este es un problema institucional que tenemos los argentinos y que lamentablemente no está en la agenda y no lo estamos corrigiendo.
 
P: Seguramente. Por allí cuando se habla de seguridad jurídica, lo que no se entiende mucho es el concepto de estado de derecho, el tema de que poder conseguir cualquier ley es asegurarse, por ejemplo, seguridad jurídica a quienes vienen a invertir, cuando la autolimitación es mucho más importante, ¿no?, para demostrar que la voluntad está por debajo de la ley.
 
JJA: Pero además, ese el sistema, eso es lo que queremos vivir. Esto es como el tránsito ordenado. A mí no me gusta cuando estoy apurado que me toque la luz roja en el semáforo. Ahora, cuando me toca la luz roja en el semáforo, las reglas de juego me indican que yo tengo que frenar, porque tiene derecho el que tiene la luz verde, porque está tan apurado como yo y tiene tanta necesidad de circular como yo. Cuando uno dice “esto es una emergencia”, tipo ambulancia, y cruza por el costado con la luz roja, si todos somos la ambulancia, y todos los días somos la ambulancia, el sistema se pervierte y ya la luz roja, la amarilla o la verde no significan nada.
 
CM: Y además del tema institucional, diputado Alvarez, es tan importante, por más que a la gente le parece que es un tema abstracto, porque, por ejemplo, como en la crisis de Neuquén, el país en general no ha podido resolver –usted que es un hombre que sabe muchísimo de los temas de seguridad y policiales- que tenemos una policía que por momentos es absolutamente pasiva y no interviene y la otra opción es una policía que mata. Yo digo, en el medio hay que reconstruir otras cosas…
 
JJA: Exactamente. Lo que no estoy tan de acuerdo con usted es que este sea un tema que le importe a todo el mundo. Yo creo que en realidad, estos temas de discusión de diseño institucional, discusión sobre mejora de calidad institucional, no han salido prácticamente de algunos cenáculos de intelectuales y universitarios, o de alguna gente de la política y el periodismo medianamente preocupada y ocupada por eso.
 
CM: Yo me corrijo. Quise decir, debería interesar a todo el mundo.
 
JJA. Claro, pero parte del problema es que este tema no interesa a todo el mundo.
 
CM: Es cierto, es cierto.
 
JJA: Mire, yo me acuerdo el día que debatimos la modificación del Consejo de la Magistratura, en el medio de una acalorada discusión sobre este tema, un diputado de la Nación dice “en definitiva estamos discutiendo algo que no le interesa ni siquiera al tres por ciento de la población. Y la verdad es que, estrictamente hablando, tiene razón. Ahora, lo que no tiene razón, o en todo caso, no es ese el argumento para no discutir un tema de semejante gravedad que tuvo y tiene cuestiones tan sensibles como por ejemplo, el Consejo de la Magistratura, las cuestiones judiciales, o las cuestiones políticas institucionales en general. Pero la verdad que el argumento, si bien era casi de mala fe, estrictamente hablando es cierto, porque le interesaba al tres por ciento de la población.
 
CM: Alvarez, cómo ve usted hoy el tema –porque en el fondo son temas institucionales- estas discusiones alrededor del tema de la inseguridad, que no le encontramos la vuelta, que hay una sensación de la gente y otra sensación de los funcionarios, los temas que se han producido alrededor del fútbol. Es todo un país que está conmocionado, justamente por no respetar las leyes o por no encontrar instituciones que funcionen aceitadamente.
 
JJA: Es cierto. Cuando usted ve, por ejemplo, el tema de la violencia en el deporte, concretamente, el caso de la violencia en el fútbol, ahí lo que se ve claramente no es un gran vacío legislativo, que falten leyes, que sea una cuestión de más legislación –aunque  puntualmente puede mejorarse siempre alguna, esto no lo discuto- pero usted lo que ve en general es una gran anomia, es decir, una gran falta de compromiso en el cumplimiento de la ley, que no es un fenómeno de hoy, pero que por acumulación se ha hecho un fenómeno muy grave. A mí me preocupa que no podamos estar discutiendo estas cosas. Probablemente en un tiempo electoral como el que se viene, va a ser más difícil, porque se discute de otras cosas, son más las imágenes que se plantean que los proyectos de fondo. Pero podría haber sido una buena oportunidad.
 
CM: Podría ser. Y yo digo, después de las elecciones, gane quien gane, vamos a tener otra oportunidad.
 
JJA: siempre tenemos la oportunidad.
 
CM: Pero mientras existan diputados que digan “para qué discutimos esto”, si le interesa al 3 por ciento de la gente, ahí tenemos un problema
 
JJA: Sí, porque además, le interesa al 3 por ciento de la gente porque no queremos poner esto en debate. Yo creo que si realmente se pusiera en debate, de buena fe, defendiendo fuertemente cada uno sus posiciones, pero haciéndolo de cara a la gente, yo creo que ese tres por ciento va a ser rápidamente mucho más. Y quiero dejar planteado algo, para que no nos confundamos: este es un problema de arrastre. La gran culpa que tenemos en el presente es no abordarlo. Pero indudablemente este es un problema que ya se está haciendo crónico en la Argentina y esto no es bueno. Y, como usted dice, tiene inclusive consecuencias en materia económica, en materia de inversiones, en materia de seguridad, etc., etc.
 
CM: Diputado Juan José Alvarez, gracias por atendernos.
 
JJA: Gracias a Usted.
 

ALVAREZ: "No hemos resuelto el problema de la calidad de la política"

Entrevistado por Mariano Grondona sobre su nuevo libro, el diputado nacional Juan José Alvarez consideró que "desde que recuperamos la democracia, no hemos resuelto el principal problema estructural que tiene la Argentina, que es la calidad de la política y sus procesos". A continuación, les ofrecemos la transcripción completa de la entrevista.


Radio 10 - Pensando con Mariano Grondona - 15/04/2007 - 11:09

 
Mariano Grondona: Vamos a hablar con Juan José Alvarez, que es diputado nacional y estaba originariamente con el grupo que lanzó la candidatura de Lavagna. Y ahora ha escrito un libro –bueno, también le hicieron una operación en la que trataron de sacarlo de la cancha- y ha escrito un libro que es muy interesante. Yo lo he estado leyendo; se llama Crisis de Gobernabilidad y Control en la Argentina. En el fondo, lo que dice Alvarez –me parece a mí luego de leer el libro- es que hay un problema de gobernabilidad en la Argentina. Es decir, que el Estado no está manejando las cosas como debe y que tenemos que hacer una reforma política. ¿Se acuerdan de la reforma política, esa de la que tanto se habló?
 
Luis Novaresio: Que suspendió las internas abiertas obligatorias, el no a las listas sábanas…
 
MG: Diputado Alvarez, ¿cómo le va?
 
Juan José Alvarez: Hola Mariano, buen día, ¿cómo está usted?
 
MG: Bueno, cuéntenos un poco el argumento central de su libro.
 
JJA: Primero, es un libro que no escribí en los últimos seis meses. En realidad, es un libro que vengo escribiendo desde hace cuatro o cinco años, con lo cual lo que digo –que no es mucho- del gobierno actual, en realidad lo digo también de los gobiernos anteriores. Y esto lo digo como una mala noticia, no ha mejorado mucho…
 
MG: Es una crisis que ha perdurado, digamos.
 
JJA: Es una crisis que ya se hace estructural en la Argentina y es, prácticamente, el meollo del análisis del libro. Lo que digo básicamente es que en las últimas dos décadas, desde que recuperamos la democracia, no hemos resuelto lo que, para mí, es el principal problema estructural que tiene la Argentina, que es la calidad de la política y sus procesos. Las instituciones políticas son de baja calidad. Y son de baja calidad porque la tensión entre gobernabilidad y control no se ha resuelto y pareciera ser que podemos abordar solamente el día a día con herramientas de emergencia, con herramientas excepcionales, que desvirtúan fuertemente los procesos institucionales.
 
MG: Ahora, dígame una cosa, diputado Alvarez. Usted se acuerda muy bien que en 2001, en 2002, con el tema de que se vayan todos y demás, apareció la idea de la reforma política y usted también vuelve a ella en el libro. Pero yo no sé, ¿será que los que tienen que reformar la política son los que se benefician del actual sistema político y por lo tanto es muy difícil esperar de ellos que sean lo reformadores?
 
JJA: Puede ser. Es un argumento. Pareciera ser que no es un tema central. Mire, justamente por el tiempo que me llevó el libro y las suspensiones obligadas porque me tocaban algunos trabajos que me obligaban a suspender la escritura, como cuando sucedió lo de Cromañón, y demás, hice varias versiones, varios borradores. En algunos de los borradores, hará un año y medio, dos años, había un capítulo que estaba muy fuertemente marcado, con algunas diferencias profundas que yo tenía, con lo que en ese momento parecía que iba a ser una reforma política impulsada por el gobierno nacional. Ya en las versiones siguientes, esa parte del libro se fue achicando hasta una mera mención que queda hoy, porque estaba claro que esa reforma política no iba a avanzar. Yo creo, además, que hay una especie de reforma política, digamos, para afuera, un show off, y que está vinculada fundamentalmente a una reforma electoral. Yo planteo en el libro que la reforma electoral, en todo caso, es una parte y ni siquiera la más importante de una reforma política.
 
MG: Ahora, diputado, ahí pasa una cosa, me parece a mí. En el 2001, con toda la crisis, estaba la consigna “que se vayan todos”, que era un poco la consigna de una sociedad que se sentía como no bien atendida por su clase política. Es decir, había como una idea de que la sociedad estaba superando a sus dirigentes políticos. Cuando Kirchner llega, me parece que hábilmente se pone como en contra de la clase política, al principio. Parecía un denunciante, parecía un opositor, inclusive cuando llegó a denunciar al duhaldismo, ¿se acuerda?, cuando la senadora lanzó su candidatura, con que Duhalde era el padrino. Y después de todo esto terminaron integrándose en esa misma clase política que ellos denunciaban, y hoy me parece que no se diferencian mucho de unos y de otros, ¿no?
 
JJA: Por lo pronto, no se han ido muchos. De aquel “que se vayan todos”, si uno pasa lista, los que faltan son muy pocos. Yo creo que en ese “que se vayan todos” también hay algo muy importante, Mariano, a ver si lo compartimos. Yo creo, en realidad, el que se vayan todos se da porque, justamente, al no haber un funcionamiento institucional rutinario, permanente, sustentable, la gente ve –y en eso creo que no le erra- que todo depende de la aptitud, de la habilidad, de la capacidad –si me permite la figura- de quienes circunstancialmente están en el gobierno, y si las cosas no van bien, se tienen que ir. No se permite el funcionamiento de las instituciones.
 
MG: Es como un todo o nada.
 
JJa: Claro, pero usted seguramente recuerda mejor que yo cuando se hablaba en la, cuanto menos, cuestionable reforma de la Constitución del 94, de la figura del Jefe de Gabinete de Ministros. La argumentación era que eso iba a funcionar como una especie de fusible para evitar nuestras cíclicas y lamentables interrupciones institucionales y democráticas. Y fíjese que la primera vez que tenía que funcionar ese instituto, que fue durante la crisis de 2001, no funcionó.
 
MG: No. El Jefe de Gabinete pasó a ser una especie de secretario privilegiado del presidente.
 
JJA: Sí. Y, además, dependiendo mucho de su tacto y su personalidad. Porque inclusive –y lo digo con la experiencia de haber sido ministro del gobierno nacional- sus acciones pueden hasta provocar un cierto cortocircuito en el funcionamiento del gobierno nacional. Además, culturalmente, los ministros y, sobre todo, los ministros de las carteras más importantes, no lo sienten un primus inter pares.
 
MG: Claro, lo sienten al presidente, pero no al Jefe de Gabinete.
 
JJA: Sin embargo, tiene funciones de administración concretas y especificas, con lo cual se generan chisporroteos, principalmente y no lo digo por un caso puntual de ahora, generalmente con el ministro de Economía. Entonces, ese tipo de figuras, o la figura del ombudsman, la Oficina Anticorrupción, la Fiscalía General de Investigaciones Administrativas, que tienen un camino para recorrer y que, bien ordenadas, instrumentadas y adecuadas a nuestra realidad, podrían funcionar, en la Argentina es que se tiran una encima de la otra como si fueran cartas y, lejos de mejorar el funcionamiento, lo frenan, lo paran, lo complican.
 
LN: Diputado, Alvarez, Luis Novaresio lo saluda, ¿cómo le va?
 
JJA: Muy bien.
 
LN: Una consideración de la política muy actual. ¿Cómo impacta en ustedes, en el lavagnismo, el lanzamiento de la coalición de Carrió, que nuclea a muchísimos sectores, incluso a algún sector de las condiciones judías como Bergman, algunos dicen que Bergoglio ¿Sienten que les ocupa un espacio de la oposición?
 
JJA: Mire, yo le voy a dar mi opinión, no digamos desde el lavagnismo, porque hay quienes están mucho más cerca y comprometidos con el proyecto que yo, pero lo que creo es que tiene que ver con lo que estamos hablando ahora. ¿Cómo se reordena esto? O se reordena de alguna manera, como planteo o pretendo modestamente plantear yo desde este libro, con un rediseño institucional más adecuado; si se quiere, un tanto más rígido en el sentido de no dar tanto margen a las veleidades de los funcionarios que circunstancialmente ocupan los lugares; o presentarse frente a la sociedad con un muy fuerte perfil republicano, con un fuerte perfil de capacidad, de honorabilidad, de desprendimiento, que es un poco lo que está planteando la doctora Carrió. Tal vez esté en la mitad –y usted Grondona lo sabe mejor que nadie; es una riquísima discusión- y haya un poco de las dos cosas. No hay instituciones, por mejor diseñadas que estén, que funcionen a pesar de los hombres y no hay hombres, por mejor capacitados que estén, que puedan funcionar permanentemente sin someterse a ciertas reglas de funcionamiento. Yo creo que esto, lo que en realidad está haciendo es marcar una etapa fundacional, y yo tengo algunas dudas sobre las etapas fundacionales en la Argentina, pero me parece que…
 
 
MG: Estamos fundando todo el tiempo. ¡Ojo!
 
JJA: Estamos fundando todo el tiempo.
 
LN: Diputado Alvarez, por lo que está diciendo, lo escucho mucho más cercano a Carrió que a Lavagna.
 
JJA: No. No.
 
LN: ¿Usted es lavagnista?
 
JJA: A ver, mire, a mí no me gusta adscribir a las personas. Yo trabajé muchos años -y y muchos otros estuve con diferencias- con el doctor duhalde. Entonces, la pregunta es: ¿Usted es duhaldista? Y la verdad no me resultaba fácil la respuesta.
 
MG: Bueno, ahí el problema es que Duhalde dejó de ser duhaldista.
 
JJA: Puede ser, con lo cual, entonces, la cuestión sería que hay que ser muy cuidadoso con las adscripciones a las personas. Porque si usted adscribe a una persona y mañana esa persona cambia –y tiene bastantes más posibilidades de cambiar una persona que un sistema institucional- usted entonces tiene que salir corriendo a explicar, y llamar a las producciones y decir “se acuerda que la semana pasada me preguntaron si yo era de fulano; yo no tengo nada que ver”. Les pasa como a los que dijeron que eran sobistas; de Sobisch, y ahora están tratando de explicar que no tienen nada que ver.
 
MG: Ahora, convengamos Juanjo que eso queda feo. Yo escuchaba el otro día el caso de un amigo que se enamoró de otra mujery engaño a su mujer. El problema es que la mujer de la cual se había enamorado era la mujer de su íntimo amigo; y en su círculo social, engañar a su mujer se lo perdonaban, pero engañar al amigo es imperdonable en la cultura argentina. ¿O no?
 
JJA: Claro, claro.
 
MG: Esa cosa que, de golpe, “mi amigo dejó de ser mi amigo”, es muy embromado, ¿no?
 
JJA: Lo que pasa es que –repito- es muy embromado adscribir, con todo lo que eso significa, a una persona. Yo quiero que dentro de un rato River gane. Ahora, yo no soy passarellista ni anti passarellista. Yo lo que quiero es que River gane. Si el técnico actual de River lo hace jugar como a mí me gustaría y obtiene resultados, estamos bien.
 
MG: Ahora, es decir que acá hay una comparación implícita entre Lavagna y Passarella.
 
JJA: Yo creo que siempre hay una comparación, no solamente entre Lavagna y Pasarella o entre Lavagna y Ramón Díaz –para poner un técnico exitoso- o entre Carrió y fulano. A mí no me parece que sea una forma de encuadramiento adecuada, correcta, republicana, adscribir a las personas. A mí me pasa como cuando, usted se acuerda, yo fui dos veces intendente de Hurlingham. Me pareció que era una etapa de mi vida política que estaba más que cumplida; no me pareció que tuviera mucho más que aportarle a mi comunidad si intentaba quedarme demasiado tiempo. Pero por las cuestiones políticas internas, se me aparecían los que decían, “pero cómo, yo soy juanjista”. ¿Qué es eso? ¿Cómo es ser juanjista? “Bueno, porque vos sos mi jefe”. ¿Pero por qué?
 
MG: La cuestión es el jefe. Y donde va el jefe voy yo
 
JJA: Está bien, pero convengamos en que –y volvamos a lo que dio origen a esta charla, que es un libro sobre gobernablidad y control-, que no es un estímulo institucional muy adecuado el seguir ciegamente a una persona, vaya donde vaya.
 
MG: Juanjo Alvarez, muchas gracias por esta conversación. Y yo, sin ser juanjista, recomiendo este libro, que tiene una virtud: tiene lecturas, pero tiene experiencia, también. Entonces es una buena combinación. Yo lo leí con mucho provecho. Gracias, Diputado Alvarez.
 
JJA: Yo no soy marianista, pero su opinión –y sobre todo en este tema- me importa mucho.
 
MG: Bueno, hemos dicho sin decirlo, que quizás seamos algo juanjistas y algo marianistas. Muchas gracias, Juanjo.
 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Palabras del diputado Juan José Alvarez sobre su libro


Primero, como corresponde, y más allá de la formalidad, quiero expresar mi agradecimiento. Mi agradecimiento a la casa que hoy nos recibe, a la Universidad del Salvador, a EPOCA. Quiero agradecer a Laura San Martino doblemente: primero, porque ha puesto un empeño, un esfuerzo para que este libro pueda hoy estar aquí con nosotros, que es realmente encomiable, Laura, y te lo agradezco profundamente. El segundo agradecimiento es porque, además, es una estudiosa y una intelectual de primer orden y muchas de las cosas que ella ha escrito me han resultado absolutamente estimulantes y se ven reflejadas en mi obra. Quiero agradecerle a Roberto y a Nicolás Dromi, a quienes cuando les propuse los originales de este trabajo, en un momento en el que algunos podrían haber pensado si era conveniente o inconveniente que apareciera un libro de Juan José Alvarez, no dudaron en poner como único requisito la calidad del mismo. Esto demuestra que el pluralismo y la apertura de las ideas no es un lugar común en esta casa, por lo menos, sino que es realidad.
 
Quiero agradecer a quienes han colaborado enormemente para escribir este libro que con muchas citas y bibliografía, pueda hoy estar entre nosotros. Recuerdo cuando hace ya unos cuantos años, con el hoy secretario de Control comunal, que está aquí conmigo, y estábamos en la Municipalidad de Hurlingham, y empezamos a darle vueltas a esta idea de que nuestra experiencia, nuestros pareceres, lo que era motivo de nuestras discusiones, pudiesen estar plasmados en un libro, pudieran estar escritos. Agradecerle fundamentalmente el impulso y la ayuda al ministro de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, licenciado Gorgal, me dio para que este trabajo pudiera realizarse. A quienes ya agradezco en el libro, y en el nombre de Bernardo, quiero agradecer nuevamente a todos.
 
Quiero agradecer profundamente a una de las personas que realmente respeto, no solamente porque es un gran escritor, no solamente porque es un gran pensador, sino fundamentalmente porque exuda patriotismo, que haya tenido la delicadeza de presentar este libro, a mi amigo Abel Posse.
 
Quiero agradecer a quienes hoy me han venido a acompañar, todos amigos muy queridos, y quiero en el nombre de algunos mencionar a todos a quienes me han acompañado en los momentos más difíciles que seguramente nos ha tocado vivir a los argentinos en los últimos cincuenta años, que me han acompañado y que hemos participado en el gabinete nacional: el doctor Horacio Jaunarena, Miguel Angel Toma, el embajador Caselli y tantos que en momentos en que era más fácil decir que no, dijimos que sí. Quiero agradecer a mis compañeros del bloque de diputados del Justicialismo Nacional; están por allí Eduardo Camaño, Jorge Sarghini, Francisco De Narváez, Adrián Menem, Alejandra Oviedo.
 
Quiero agradecer dos presencias que, más allá de las diferencias políticas que podamos tener, hoy están acá y realmente me pone muy pero muy contento, me refiero al diputado Lamberto y me refiero al diputado Burzaco. Quiero agradecer también la cantidad importante de adhesiones, de llamados, el estímulo que he recibido para seguir adelante con este trabajo. Y quiero, por último en tren de agradecimientos, señalar la presencia de quien ha sido para muchos de nosotros, y sigue siéndolo, un maestro, y que ha sido un funcionario cabal. Me refiero al doctor Augusto Belluscio.
 
Realmente parece casi un contrasentido que alguien que ha sido conocido por haber tenido que enfrentar emergencias –fundamentalmente me han tocado en materia de seguridad, aunque no solamente-, y quien ha sido llamado en momentos difíciles en materia de seguridad, quien ha tenido que lidiar, mejor o peor, en emergencias y en crisis muy graves, esté planteando que hay que volver a andar el camino de la normalidad.
 
Creo sinceramente que la normalización de esta situación de emergencia ha generado un profundo y grave cambio institucional en nuestro país. No solamente porque las instituciones dejan de funcionar o funcionan mal, sino, como sabemos, las instituciones, así como nacen, así como se fortalecen, si no se cuidan, se debilitan y mueren. Además, una actitud de ejemplo por parte de las más altas autoridades nacionales, con esta recurrencia a la emergencia y a las soluciones de emergencia es repetida en los niveles provinciales y en los niveles municipales. Con lo cual la situación aún es más seria y más grave.
 
Instituciones débiles, escasos mecanismos de control, mayor facilidad para la corrupción, sin ninguna duda. Los temas políticos graves, serios, que hemos intentado acometer en este libro, es lo que se han jugado no en la circunstancia de la vida política. No me anima ningún sentido de la oportunidad; no tengo la idea de que este libro sea un panfleto para sobrepasar alguna circunstancia, en este caso, electoral. Creo que flaco favor haría si utilizara estos temas simplemente para una coyuntura. Es porque creo que estos son los temas centrales; es porque creo que en la resolución de estas cuestiones va el futuro de la república. Es porque creo que debemos analizarlo profundamente.
 
Recuerdan los legisladores que acá me acompañan, que cuando estábamos discutiendo una de las cuestiones que a mí me parecía central, y que tenía que ver con la modificación sí o no del Consejo de la Magistratura, un legislador dijo en una reunión, cuando habíamos terminado de argumentar –creo que Francisco estaba ese día en la reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales-, ”¿De qué estamos hablando?, si esto le interesa solamente al tres por ciento de la población”. Y la verdad, ese también fue un gran estímulo. Ya en ese momento el libro estaba en su etapa final, y para terminarlo es una suerte que discutamos que sea justamente al revés. Estas son las cosas importantes. Claro que si se le pregunta a alguien respecto de sus problemas va a contestar y, con razón, por la inseguridad, por la salud, por su empleo, por la salubridad de su habitat, limpieza, el asfalto, la luz, etc. Pero lo que no es menos cierto es que esto no funciona si no hay un sistema institucional que le de sustentabilidad a las decisiones políticas. Decisiones políticas que en la Argentina pareciera ser que están en contra del control. En la Argentina –quiero recordar, para que no se quiera poner nombre y apellido a esto que digo, este trabajo empezó hace muchos años- pareciera ser que el control estorba. Y en realidad no es una función la de controlar sino que pareciera para algunos que es la función de estorbar. En la resolución de esta dialéctica –mejor más gobernabilidad, mejor más control- una a expensas de la otra, nos da el resultado una situación como la que estamos viviendo.
 
El aspecto fundamental de la crisis de nuestro país es lo urgente sobre lo necesario. Podríamos decir, lo táctico sobre lo estratégico. Pudiéramos ahondar como lo instrumental por sobre lo conceptual. Pareciera ser, entonces, que discutir desde el principio es algo así como un divertimento de determinado claustro universitario o académico y poco tiene que ver con la vida nuestra de todos los días. Lo que intentamos sostener y fundamentar en este libro es justamente lo contrario. Esto es lo importante, esto es lo necesario, y de aquí van a aparecer soluciones, no solamente para el momento actual, sino soluciones para el futuro.
 
En la política es más fácil crear que reformar. Como aquello que, decía Aristóteles, es más fácil aprender que olvidar lo aprendido. Nosotros no tenemos una vocación fundacional. Nosotros creemos que esto empezó en la Argentina el día en que a alguno se le ocurrió hacer algo, y entre ese algo escribió un libro. Nosotros creemos que debemos reformular nuestro sistema institucional. Creemos que debemos empezar seriamente a avanzar sobre esta cuestión, porque si no, tengo la impresión de que estamos discutiendo lo periférico y nos estamos olvidando lo central.
 
Tengo y tuve siempre una enorme vocación política. Soy un político. Bueno, malo, regular; he hecho cosas bien, no tan bien; horribles para otros. No me avergüenzo de mi actividad. Estoy orgulloso de mi actividad. Sabe mi familia, mi mujer y mis hijos, mi madre; lo sabía bien mi padre porque discutimos mucho de estos temas –y tuve la suerte, por lo menos, de que pudiera leer y corregirme las primeras versiones de este libro- lo que he sufrido, lo difícil que ha sido, pero también saben el orgullo que tengo por la actividad que realizo. Nadie que no está contento con lo que hace puede…
 
Yo tengo en esta vocación política, también un compromiso, como debemos tener los que abrazamos la política. Y es que queremos ser mejores. Tenemos una vocación perfectiva. Quien no tiene una vocación perfectiva, quien no quiera perfeccionar esta actividad, cae en un relativismo que me parece una grave inmoralidad.
 
En definitiva –y para no hacerlo muy largo, porque si les resumo bien el libro no lo van a comprar- lo que yo quiero decir es que debemos iniciar, comprometernos en una discusión sobre lo que estamos convencidos que es esencial: creemos que una ciudad que no tiene ciudadanos, esto es, una ciudad que tiene simplemente habitantes, no es una ciudad, se parece bastante a una cárcel.
 
Creo sinceramente que la Argentina tiene enormes posibilidades y este es un momento más que adecuado para avanzar sobre estas cuestiones. Depende también de nosotros. Depende también que planteemos estas cuestiones como cuestiones de agenda.
 
La próxima vez que –y estoy amenazando- escriba algo, voy a tener una enorme satisfacción, tal vez la más importante y que hasta ahora no tuve, y es que cuando se me presenta y se da mi currículum, en realidad mi currículum lo que dice es que este es un país muy rumboso, si no alguien no podría haber tenido tantos cargos y tan distintos en una sucesión tan veloz, eso fue casi circunstancial. Fue casi una casualidad. La próxima vez sí voy a estar muy orgulloso de que puedan decir que he escrito “Crisis de gobernabilidad y control en Argentina”.
 
A todos, de nuevo, muchísimas gracias.
 

Juajo Alvarez presento su nuevo libro

El diputado nacional Juan José Alvarez presentó su libro "Crisis de Gobernabilidad y Control en Argentina" ante un importante auditorio en la sede porteña de la editorial Ciudad Argentina. En la oportunidad, acompañado por el escritor y diplomático Abel Posse y la directora editorial, Laura Sanmartino de Dromi, Juanjo Alvarez esbozó los principales lineamientos de su trabajo.

En este escrito, el Dr. Alvarez analiza de lleno el sistema político argentino, haciendo un particular análisis de las funciones de gobernabilidad y control propias de nuestro sistema institucional. El libro parte de la premisa de que, a más de dos décadas de la recuperación de la democracia, los argentinos no hemos podido resolver nuestro principal problema estructural: la calidad de la política, de sus procesos y de las instituciones políticas.

El legislador encuentra como principal problema de nuestra democracia el planteamiento del proceso político en términos de una gobernabilidad “a expensas de las instituciones, y no a partir de las instituciones”. Esta idea puede observarse históricamente en un ejercicio del gobierno circunscrito a la mera administración de crisis, justificada en la “emergencia permanente” que ha llevado a un constante requerimiento de medidas excepcionales para gestionar.

En este sentido, el trabajo publicado por la editorial Ciudad Argentina, sostiene que el sistema político argentino es de baja calidad y encerrado en un círculo vicioso, de forma tal que una de las dos funciones del poder (gobernabilidad y control) se ejerce a expensas de la otra. Esta situación –considera el autor- ha provocado una degradación institucional que obstaculiza el desarrollo sostenido del país.

En base a una amplia investigación, tanto desde la teoría como desde el análisis del funcionamiento de sistemas políticos exitosos, y sumando su experiencia de más de veinte años en la función pública, Juan José Alvarez expone una agenda estratégica de reforma de nuestro sistema político, orientada a incrementar la calidad de nuestro proceso político y de nuestras instituciones. Así, propone un conjunto de cambios estructurales con el objetivo de mejorar su funcionamiento.

La reforma al sistema político que se propone en este libro no queda reducida a lo estrictamente electoral, sino que alcanza a todos los Poderes del Estado y procura un mejor funcionamiento institucional tanto en las funciones de gobernabilidad y de control, cuanto en los distintos niveles de los órganos públicos.

martes, 6 de noviembre de 2012

Decretos: ni necesarios ni urgentes - Diario La Nación

Decretos: ni necesarios ni urgentes
 
Prestigiosos constitucionalistas analizaron los DNU que firmó Kirchner en tres años de gobierno y concluyeron que casi el 90 por ciento no tenía justificación.
   
Néstor Kirchner detesta que lo acusen de autoritario. Dice que ése es el discurso vacío de una oposición perdida. Pero es el Presidente que desde el retorno de la democracia más Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) dictó por año de mandato. Los DNU son instrumentos normativos que permiten al Presidente legislar de manera excepcional sin dar intervención al Congreso. O sea, sin debate ni deliberación pública.
 
Un trabajo de investigación en el que participó un grupo de prestigiosos constitucionalistas convocados especialmente por LA NACION para analizar los 176 DNU que firmó Kirchner en los primeros tres años de gestión demuestra que los usó para casi todo. Tanto para asuntos trascendentes para el país -como reestatizar la empresa Aguas Argentinas, modificar en forma reiterada el presupuesto nacional, autorizar al ministro del Interior a otorgar subsidios sin control, destinar millones de pesos extra para hacer obras viales en su Santa Cruz natal y otras obras públicas en varias provincias, crear la Policía de Seguridad Aeroportuaria, utilizar las reservas del Banco Central para cancelar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) o extender por 10 años todas las licencias de radio y televisión- como para cuestiones quizás de menor importancia, como cambiar el nombre del Ministerio de Salud, modificar la fecha de un feriado nacional o sacar de su órbita y pasar a la Jefatura de Gabinete de Ministros a la Secretaría de Turismo.
 
También, claro, los usó para tomar medidas bien populares a las que difícilmente algún legislador -oficialista u opositor- se habría resistido, como aumentar las jubilaciones, actualizar el monto del salario mínimo vital y móvil y fijar una suma máxima para los sueldos de los funcionarios políticos.
 
En 2003, Kirchner firmó 48 DNU; en 2004, 63; en 2005, 46 y, en los primeros cuatro meses del actual, 19. La gran mayoría se originó y reguló cuestiones de los ministerios de Economía, Trabajo y Planificación Federal. En cambio, contrariamente a lo que indicaría el sentido común cuando uno piensa en "necesidad y urgencia" y recuerda la grave crisis institucional que atravesó la Argentina en 2001, hubo cuatro DNU de las carteras de Desarrollo Social y Justicia, cinco de Educación y Salud y sólo algunos más de Interior y Defensa.
 
Los constitucionalistas consultados por LA NACION concluyeron que en menos del 15 por ciento de los casos la firma de los decretos de Kirchner estuvo justificada y cumplió con los requisitos que establece la Constitución Nacional. El resto -señalaron- debería haber sido un asunto debatido y resuelto por el Congreso.
 
Hace un mes, la senadora Cristina Fernández de Kirchner hizo una extensa y encendida defensa de los DNU. Fue cuando el oficialismo impuso su mayoría en el Congreso para aprobar un proyecto de ley de su autoría que reglamenta el control parlamentario de estos instrumentos excepcionales. Todo el arco opositor cuestionó el texto legal, y algunos legisladores lo calificaron como un grave retroceso para la República porque no fija ningún plazo para que las cámaras ratifiquen o rechacen los decretos presidenciales que, mientras tanto, serán válidos.
 
La reforma constitucional de 1994 estableció en el artículo 99 inciso 3 que "el Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable emitir disposiciones de carácter legislativo. Solamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios para la sanción de leyes, y no se trate de normas que regulen la materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos, podrá dictar decretos por razones de necesidad y urgencia". Luego, la Carta Magna dispone que el jefe de gabinete personalmente y dentro de los 10 días someterá la medida a consideración de la Comisión Bicameral Permanente que, tras la sanción del controvertido proyecto de Cristina Fernández, por fin se constituirá luego de 12 años de demora.
 
LA NACION obtuvo todos los DNU que Kirchner dictó desde el 25 de mayo de 2003 hasta el 18 de abril del actual gracias a la respuesta que la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia dio a un pedido de acceso a la información pública que presentó la organización no gubernamental CIPPEC con el fin de transparentar el uso de esta herramienta del Poder Ejecutivo Nacional.
 
Luego, convocó a nueve profesores de Derecho Constitucional de distintas casas de estudio y diferente ideología y seis de ellos aceptaron realizar el estudio: el actual secretario general de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional y profesor titular de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Cuyo, Víctor Bazán; el profesor titular y Doctor en Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Walter Carnota; la profesora titular de la UBA Susana Cayuso; el profesor de la UBA y de la Universidad Torcuato Di Tella Roberto Gargarella; la profesora de la UBA y las universidades de San Andrés y Austral Angélica Gelli, y el profesor titular de la UBA Daniel Sabsay.
 
Los decretos fueron distribuidos entre los juristas por fecha, según el orden alfabético de sus apellidos. Bazán analizó los primeros 30 DNU dictados por Kirchner, Carnota los siguientes y así sucesivamente. La consigna que LA NACION les dio a todos fue que revisaran los decretos que les habían sido asignados y señalaran si se cumplían los requisitos de necesidad y urgencia que habilitaban a Kirchner para el dictado de esa norma de excepción.
 
Hubo entre los constitucionalistas criterios más amplios y más restrictivos a la hora de validar o tildar de inconstitucional a los DNU analizados: Gargarella, Gelli y Sabsay, por ejemplo, no encontraron en sus corpus ningún decreto válido; Cayuso sólo señaló uno como aceptable dentro de las facultades presidenciales, Bazán admitió cinco y marcó otros tres como dudosos y Carnota, en cambio, justificó en total 16, casi todos vinculados con cuestiones de seguridad social o laborales.
 
Gargarella señaló que la pregunta original acerca de "cuál de los siguientes DNU se encuentra justificado" presupone una posibilidad que rechaza, y es que en las circunstancias actuales puede ampararse jurídicamente el dictado de algún DNU. Para él, "no existen buenas razones políticas ni constitucionales para apoyar esa posibilidad, y en cambio muchas para objetarla".
 
La primera razón que menciona tiene que ver con la letra explícita de la Constitución de 1994, que fulmina los DNU salvo "cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios" de sanción de una ley, circunstancia en la que obviamente no nos encontramos. La segunda razón se relaciona con la justificación pública de aquella Constitución, que tuvo que ver sobre todo con el compromiso de limitar la discrecionalidad del Ejecutivo.
 
"Si lo que valoramos de la democracia es su componente republicano -orientado a enfrentar todo tipo de dominación política-, tenemos razones adicionales para rechazar la posibilidad de un Ejecutivo fuerte, que acarrea el conocido riesgo de un gobierno con piel de cordero que actúa, cuando quiere, autoritariamente. Y si lo que valoramos de la democracia, en cambio, es su conexión con la deliberación colectiva, entonces también debemos oponernos a los DNU, porque su dictado socava nuestro principal ideal político: escuchar y aprender de las voces opuestas".
 
Finalmente, opina Gargarella, "si lo que nos interesa es preservar el pluralismo, y así al Parlamento como órgano en donde se encuentran representantes de ideologías distintas, intereses opuestos y regiones diferentes, entonces debemos resistir la práctica de los DNU, que bastardea dicha posibilidad. Y la crítica a este argumento no puede ser que ´el Parlamento no funciona , porque si el Parlamento ´no funciona ello se debe, primordialmente, a prácticas como las de los DNU".
 
En definitiva, el constitucionalista concluye que, si no nos enfrentamos a gravísimas catástrofes naturales o tragedias como la del 11 de septiembre (y sólo por el brevísimo tiempo que necesite el Parlamento para reaccionar), los DNU deben ser rechazados necesariamente.
 
Cayuso, algo menos drástica, precisó entre sus conclusiones que, si bien el análisis de la concurrencia de los requisitos establecidos en el artículo 99 inciso 3 de la Constitución es suficiente para verificar que "el Poder Ejecutivo no se siente limitado por la norma constitucional y la necesidad de reconocer que los DNU deben ser excepcionales porque se altera el juego democrático", a los efectos de su validez es determinante comprobar si el Congreso los ha ratificado. Si ello fuera así -y lo es en algunos casos-, formalmente se habría cumplido con el artículo 99 inciso 3, sin perjuicio de que pueda discutirse la constitucionalidad del contenido de la norma por afectación a otras reglas y principios constitucionales.
 
¿Qué resolvieron los decretos considerados válidos? Por ejemplo, prohibir el corte por falta de pago del servicio telefónico básico en la zona declarada de desastre luego de las inundaciones de Santa Fe de abril de 2003, o habilitar una contratación directa del Ministerio de Educación con la Casa de Moneda para imprimir los cuadernillos de la Evaluación de la Calidad Educativa de 2003 para evitar que terminara el ciclo lectivo antes de que estuviera listo el material.
 
En cambio, fueron cuestionados en forma casi unánime las más de 20 modificaciones presupuestarias -aumentos y redistribución de partidas- que permitieron a Kirchner decidir a su antojo a qué ministerios y jurisdicciones premiar con fondos extra carentes de control. Sólo en 2005, el Poder Ejecutivo aumentó el presupuesto un 13,9% gracias a los DNU, indica un informe de CIPPEC. Y la ley de superpoderes aprobada esta semana por el Congreso aumenta aún más la discrecionalidad del Gobierno al habilitar al jefe de Gabinete a tomar decisiones presupuestarias que hasta ahora le estaban vedadas.
 
En su análisis, Carnota advierte acerca de una concentración de funciones en el área de la estructura administrativa y de la ejecución presupuestaria. Pero destaca que también hay muchos DNU que se concatenan con políticas y derechos sociales. "No todos los decretos acrecientan el poder presidencial; algunos apuntan a implementar planes asistenciales o de bienestar. En 11 años, el Congreso nunca aumentó las jubilaciones, pese tener expresas facultades", dijo.
 
Kirchner dispuso por decreto prolongar la emergencia alimentaria, la emergencia sanitaria y la ocupacional, que prohibía los despidos y establecía una doble indemnización. También dictó varios DNU para aumentar jubilaciones y pensiones, actualizar el salario mínimo vital y móvil, dar aumentos generales al sector privado, asignaciones especiales a fin de año para desempleados y homologar acuerdos de convenios colectivos de trabajo de distintos sectores de empleados del Estado.
 
En este punto, Sabsay es mucho más crítico que Carnota. Opina que no hay razones para que el Congreso no discuta políticas públicas esenciales, como las laborales o las sociales. "Pienso que esta modalidad sólo busca que la gente le deba favores al Príncipe", dispara. Precisa que en todos los casos analizados por él y en una diversidad de materias, "la justificación del decretista es una repetición ociosa de argumentos que, por reiterados, suenan huecos, y son tomados de lo que literalmente dice el artículo 99 inciso 3 de la Constitución". De esta manera, opina, El Presidente "penetra en materias que, en un Estado constitucional de Derecho, como el nuestro, quedan siempre reservadas al Congreso, como son jubilaciones, salarios, impuestos, subsidios, régimen de personal, etcétera."